Parte IV · Del lenguaje a los hechos
El verbo como signatura
Antes de inventar un esquema de datos, el idioma ya traía uno. Cada verbo es una declaración de función disfrazada de palabra: dice qué situación crea, qué roles exige y de qué caja debe venir cada uno.
Corre el minuto 87 y la selección pierde por un gol. Un relator de radio describe la jugada para miles de personas que no pueden ver la cancha: «Messi recibe de Di María en la frontal del área, recorta sobre la marca y marca el gol con la zurda». En el instante en que pronuncia ese verbo (marca) ocurre algo que damos por sentado y que, sin embargo, es casi milagroso: cada oyente reconstruye en su cabeza el mismo evento. Sabe que hubo un remate, que alguien lo ejecutó, que algo entró en el arco, que pasó en un sitio y en un momento. El verbo no transmitió una imagen; transmitió un molde, y cada cerebro lo rellenó.
Ese molde es el tema de este capítulo. La tesis es sencilla de enunciar y tiene consecuencias enormes: cada verbo es una firma de función. No describe una acción suelta, sino un tipo de situación, y trae de fábrica una declaración de qué participantes admite y de qué eje debe venir cada uno. Si en los capítulos anteriores construimos un modelo de datos sobre las preguntas, ahora descubriremos que el idioma (sin que nadie se lo pidiera) ya estaba estructurado sobre esos mismos ejes. El verbo es la costura natural entre la lengua que hablamos y los datos que guardamos.
El argumento fantasma de Davidson
Para entender por qué un verbo es una firma y no una simple etiqueta, conviene empezar por un problema que parecía trivial y resultó ser un abismo. Tomemos un verbo de cine y una oración mínima:
Serra dirigió la película.Una oración de dos argumentos… o eso parece
La tentación del ingeniero clásico es tratar el verbo como una función de dos casillas:
dirigir(serra, pelicula_marea). Limpio y cerrado. Pero el lenguaje no se queda
quieto, y la realidad tampoco. Apenas añadimos las circunstancias que cualquier ficha
técnica registra, la oración crece:
Serra dirigió la película en los estudios del norte, durante el otoño de 2025, con un presupuesto ajustado, para retratar el duelo de su madre.
¿Qué hacemos con esto? ¿Convertimos dirigir en una función de seis casillas?
¿Y mañana, cuando alguien diga «con dos cámaras» o «bajo presión del estudio», la
ampliamos a ocho? Bajo esa lógica, el verbo tendría que reescribir su definición interna
cada vez que a un hablante se le ocurre un detalle nuevo. Es absurdo: una función cuya
aridad depende del humor del narrador no es una función, es un caos.
Precedente · El argumento eventivo de Davidson(12) (1967)
En «The Logical Form of Action Sentences», el filósofo Donald
Davidson propuso una salida elegante. En toda oración de acción existe un
argumento que no pronunciamos pero que está presente: el evento mismo.
La oración no afirma sólo que Serra y la película están en cierta relación; afirma que
existió un evento e de tipo dirigir, y que ese e tuvo a Serra como
quien lo realiza, a la película como lo realizado, a los estudios como lugar, al otoño
como tiempo. En notación lógica, «dirigió … en … durante …» se vuelve
∃e [ dirigir(e) ∧ agente(e, serra) ∧ tema(e, pelicula) ∧ lugar(e, estudios) ∧ … ].
La consecuencia es decisiva: cada circunstancia es una conjunción independiente colgada del mismo evento. Añadir «para retratar el duelo» no cambia el verbo: agrega una cláusula más. El verbo conserva siempre su forma; los detalles se enchufan.
Una década más tarde, lingüistas como Terence Parsons llevaron la idea a su forma actual, la que hoy llamamos neodavidsoniana: incluso el sujeto y el objeto directo dejan de ser argumentos «del verbo» y pasan a engancharse al evento mediante roles explícitos (agente, tema, lugar). El verbo deja de ser un predicado con casillas fijas y se convierte en algo más limpio: un predicado de un solo argumento, el evento, alrededor del cual orbitan los participantes.
Quien haya leído el capítulo 9 reconocerá el dibujo de inmediato. Lo que la filosofía del lenguaje llamó «argumento eventivo» es exactamente lo que nosotros llamamos reificación: convertir la acción en un individuo del eje O y colgarle sus participantes como hechos atómicos. No es una analogía forzada. Es la misma operación, descrita dos veces: una por los lógicos en 1967, otra por nosotros desde la ingeniería de datos. Cuando dos disciplinas que no se hablan llegan a la misma estructura, conviene prestar atención.
El verbo no es una acción: es un molde
De aquí sale el primer concepto que conviene fijar. Un verbo como marcar, dirigir o llover no nombra una acción que ocurrió una vez en el mundo. Nombra un molde: un tipo, una categoría de situación. Por eso los verbos no viven en el eje de las cosas que pasan (O), sino en el eje de los conceptos (K), tal como fijamos en la primera decisión de diseño del libro: en K viven las plantillas atemporales; en O, las instancias situadas.
Cuando alguien habla y emplea un verbo en una oración concreta, ocurren dos cosas, casi instantáneas y rigurosamente mecánicas:
1 Se fabrica una instancia
El sistema crea una situación nueva y fresca en la caja O, con su propio identificador único. Es el evento e de Davidson, ahora con código de barras.
2 Se la clasifica
El sistema conecta esa instancia con su molde en
K para registrar de qué tipo de situación se
trata. Ese cable se llama instancia_de.
(gol_001) ∈ O // la instancia fresca
(gol_001, instancia_de, marcar) ∈ M(O, K) // su molde vive en K
Ese segundo hecho (el cable que une la instancia con su molde) es la primera tripleta de toda situación, y conviene verla con la forma insignia del modelo:
A quien programe, esto le sonará idéntico a la relación entre una clase y un objeto. El verbo marcar es la función (o la clase) que vive en la biblioteca; cada vez que un hablante la usa, el sistema la invoca y crea una ejecución concreta en memoria, anotando qué participantes recibió. El verbo permanece; las instancias se multiplican.
La signatura: un contrato de tipos
Si el verbo es una función, entonces tiene una signatura: la declaración formal de qué argumentos acepta, cuáles son obligatorios, cuáles opcionales y —esto es lo decisivo— de qué tipo es cada uno. En un lenguaje de programación moderno escribiríamos algo como esto, y nadie se sorprendería:
def marcar(agente: Q, tema: O, *, lugar: L = None,
momento: T = None, asistido_por: Q = None) -> Situacion:
"""Crea una situación de tipo 'marcar' y le engancha sus participantes."""
Cada parámetro lleva su anotación de tipo, y ese tipo es uno de nuestros ejes. El agente debe venir de la caja de los que actúan (Q); el tema, de la caja de las cosas y eventos (O); el lugar, de la caja de las locaciones (L). Los parámetros con valor por defecto son los opcionales. Esto no es una metáfora suelta: es, literalmente, un contrato de tipos entre la oración y el almacén de datos.
Definición · Signatura de un verbo
La signatura (o firma tipada) de un verbo es la declaración del conjunto de roles que admite, cuáles son obligatorios y cuáles opcionales, y de qué eje debe provenir el valor de cada uno. Activar un verbo significa crear una instancia de su molde y enganchar valores a esos roles, respetando los tipos. Es el mismo contrato que valida una llamada a función: argumentos faltantes o del tipo equivocado se rechazan en la puerta.
Cada verbo del idioma tiene la suya. Algunas son austeras y solitarias. El verbo llover, por ejemplo, no exige agente (nadie «hace» la lluvia) y deja todo lo demás en opcional:
llover ( momento?: T, lugar?: L, intensidad?: N ) → Situacion
soñar ( experimentador: Q, tema: O, momento?: T ) → Situacion
marcar ( agente: Q, tema: O, lugar?: L, momento?: T, asistido_por?: Q ) → Situacion
dirigir ( agente: Q, tema: O, lugar?: L, momento?: T, con_finalidad?: O ) → Situacion
El signo de interrogación marca lo opcional. Nótese que soñar no pide un agente sino un experimentador: quien sueña no actúa sobre el mundo, vive un estado mental. La signatura captura esa diferencia fina con un rol distinto, y veremos en un momento de dónde sale ese catálogo de roles.
marcar como firma
de función. La caja izquierda es el molde en K; al
invocarlo despliega sus ranuras tipadas. Cada ranura declara su eje de destino (el
agente sólo admite valores de Q, el lugar
de L). El borde discontinuo marca los roles opcionales.Hay una consecuencia que no salta a la vista en un caso suelto. Si cada verbo activa un tipo de situación con sus roles, entonces el verbo es también la llave de un agregado: «todas las situaciones que activó marcar» es, literalmente, el conjunto de todos esos goles registrados, listo para contarse o filtrarse. Elegir bien el verbo no solo escribe el hecho de hoy; define de antemano el conjunto sobre el que algún día se reportará.
Tres superpoderes que regala el contrato
Tratar el verbo como un contrato de tipos (y no como una palabra de diccionario) no es un adorno conceptual. Concede tres garantías que, en una base de datos tradicional, costarían cientos de líneas de validación escritas a mano.
🛡️
Rechazo de sinsentidos
Si alguien intenta registrar «la cancha marcó el gol», el sistema aborta antes de guardar nada. La firma de marcar exige que el agente venga de Q, y una cancha vive en L. No hace falta saber de fútbol: la matemática del tipo lo frena en seco.
🌊
Tolerancia a lo incompleto
Decir sólo «llovió» es una oración perfecta. No obligamos a nadie a rellenar dónde y cuándo si no le interesan: la firma los declara opcionales. La base de datos traga información parcial sin romperse.
🔌
Modificadores con borde
Marcar admite un asistido_por; llover admite una intensidad. Si alguien escribe «marcó con una intensidad de tres milímetros por hora», el sistema lo rechaza. La firma decide qué modificadores son legales, sin reglas escritas caso por caso.
Estas tres propiedades son, en el fondo, la misma propiedad mirada desde tres ángulos: el tipo del argumento contiene la verdad sobre lo que es admisible. El verbo, al declarar sus tipos, hace de aduana. Y como la aduana es declarativa (vive en la firma, no en el código de la aplicación), vale para cualquier dominio sin que nadie reescriba el motor.
De dónde salen los roles: un catálogo cerrado
Habrás notado que las palabras agente, tema,
experimentador, lugar no aparecen al azar: se repiten de verbo en
verbo. No las inventamos en cada ejemplo. Provienen de un catálogo cerrado y
deliberadamente pequeño de roles (los cables conectores del eje
M), heredado casi sin cambios de lo que la lingüística lleva
medio siglo refinando bajo el nombre de roles temáticos.
Precedente · FrameNet(14) y VerbNet(15): el verbo trae sus papeles
La intuición de que un verbo predefine sus participantes no es nuestra. El proyecto FrameNet (Charles Fillmore(24), Universidad de California en Berkeley) parte de una idea hermosa: comprender una palabra es invocar un marco (frame), una escena estereotipada con sus papeles. El marco Commerce_buy trae de fábrica sus huecos (comprador, vendedor, mercancía, dinero) y verbos como comprar, adquirir o pagar son distintas maneras de iluminar la misma escena.
VerbNet (Karin Kipper-Schuler) lo lleva al plano operativo: clasifica miles de verbos del inglés en clases que comparten roles temáticos y restricciones de selección (exactamente lo que aquí llamamos tipo del argumento). Nuestro catálogo es un primo cercano y minimalista de estos dos: en lugar de miles de marcos, un núcleo de unas pocas decenas de roles que se reutilizan en todos los dominios.
¿Cuántos roles hacen falta para modelar el mundo? Menos de los que uno imagina. El núcleo canónico ronda las cuatro decenas de roles, y con ellos alcanza para describir fútbol, cine, medicina, banca, química o derecho. La razón es la misma que hace universales a las preguntas: el cerebro humano, sea cual sea la profesión de su dueño, procesa la realidad con un repertorio reducido y estable de papeles. He aquí las familias principales, sin pretensión de listarlas todas:
Participantes. El corazón del catálogo, salido directo de la lingüística.
agente (quien actúa con intención),
paciente (quien recibe o sufre la acción),
tema (la cosa o sub-situación sobre la que recae),
beneficiario (el destinatario),
experimentador (quien vive un estado mental) e
instrumento (lo que media la acción). El agente apunta a
Q; el tema, a O.
Circunstancias. Los ejes de posición se enchufan con roles propios:
lugar, origen y destino apuntan a
L; momento, inicio y
fin apuntan a T; monto,
cantidad y unidad recogen el cuánto en
N (con la unidad apuntando a una categoría en
K).
Modales y del «por qué». Roles como estatus_factual o
polaridad distinguen lo real de lo planeado, lo afirmado de lo negado. Y como
vimos en el capítulo 10, el «por qué» se reparte en cuatro
cables (causado_por, motivado_por, con_finalidad,
justificado_por, D7), todos del tipo
O→O.
La virtud de cerrar el catálogo es la interoperabilidad: si todos los verbos de todos los dominios reparten sus participantes entre el mismo puñado de roles canónicos, entonces «el agente de una venta» y «el agente de un diagnóstico» son la misma pregunta, respondida en industrias distintas. Esa uniformidad es lo que permite que un agente de inteligencia artificial aprenda los roles una sola vez y luego entienda cualquier base de datos del mundo.
El mapeo mecánico: una oración, paso a paso
Ya tenemos las piezas. Veamos ahora la maquinaria completa en marcha, desarmando una oración fresca y cargada de detalle (del mundo del cine) con un procedimiento tan simple que raya en lo tonto:
Serra filmó la escena del faro al amanecer en la costa para cerrar el segundo acto.La oración que vamos a compilar
El procedimiento, en cinco pasos
- Detectar el molde. El verbo principal es filmó (de filmar). El sistema busca su firma en el lexicon.
- Reificar la situación. Crea una instancia vacía en
O y le asigna un identificador:
filmacion_042. - Anclar el molde. Registra de qué trata el evento con
instancia_dehacia K. - Enchufar los roles. Reparte cada fragmento de la oración en la ranura que la firma dejó abierta, respetando los tipos.
- Descender a los subeventos. Si un fragmento esconde otro verbo («para cerrar…»), repite el procedimiento y engánchalo.
El paso 4 es el corazón mecánico. El sistema lee la oración y asigna cada constituyente a su rol y su eje, guiándose por la firma del verbo:
Serra → quien filma → agente → eje Q
la escena del faro → lo filmado → tema → eje O
al amanecer → el tiempo → momento → eje T
en la costa → el sitio → lugar → eje L
para cerrar el acto → el objetivo → con_finalidad → eje O (¡otro verbo!)
Cada línea de ese reparto se convierte, sin intervención humana, en un hecho atómico (una tripleta tipada) colgado del evento central. La oración entera se vuelve una pila de átomos sobre un mismo sujeto:
(filmacion_042, instancia_de, accion_filmar) ∈ M(O, K)
(filmacion_042, agente, serra) ∈ M(O, Q)
(filmacion_042, tema, escena_42) ∈ M(O, O)
(filmacion_042, momento, 2025-10-03T05:40:00) ∈ M(O, T)
(filmacion_042, lugar_de, costa_norte) ∈ M(O, L)
(filmacion_042, con_finalidad, cierre_acto_001) ∈ M(O, O)
(filmacion_042, estatus_factual, real) ∈ M(O, K)
Dos de esas líneas, leídas como tripletas insignia, dejan ver el contrato en acción: el rol obliga al valor a venir de un eje concreto, y el sistema lo verifica al afirmar.
Y el paso 5 resuelve la cláusula final. «Para cerrar el segundo acto» no es una cosa: es otra situación, con su propio verbo (cerrar). El sistema no se inmuta, porque para él todas las situaciones son individuos iguales del eje O. Repite el procedimiento y crea un subevento:
(cierre_acto_001, instancia_de, accion_cerrar) ∈ M(O, K)
(cierre_acto_001, agente, serra) ∈ M(O, Q)
(cierre_acto_001, tema, segundo_acto_marea) ∈ M(O, O)
(cierre_acto_001, estatus_factual, intencionada) ∈ M(O, K)
Una oración del lenguaje natural se ha transformado en once hechos validados, sin perder un matiz, sin un solo campo de «texto libre» y sin que ningún programador haya tenido que diseñar una tabla a la medida del cine. El verbo determinó el tipo; el sujeto se volvió agente; los complementos cayeron en sus roles canónicos; la subordinada generó una subsituación. Mecánico de principio a fin.
filmacion_042 en
O; el sujeto se vuelve agente en
Q; cada complemento cae en su rol y su eje. La cláusula de
finalidad genera un subevento (otra situación en O) enganchado por
con_finalidad.Lo notable es que el procedimiento no sabe nada de cine. Apliquemos exactamente la misma tubería a un verbo de un dominio sin parentesco, para comprobarlo. Una transmisión de radio deportiva:
(pase_001, instancia_de, accion_pasar) ∈ M(O, K)
(pase_001, agente, messi) ∈ M(O, Q)
(pase_001, beneficiario, di_maria) ∈ M(O, Q)
(pase_001, objeto_pase, balon_partido_001) ∈ M(O, O)
(pase_001, instrumento, pierna_izquierda) ∈ M(O, O)
(pase_001, parte_de, partido_arg_per_2026) ∈ M(O, O)
(pase_001, momento, minuto_87) ∈ M(O, T)
El verbo pasar no se parece en nada a filmar (pide un beneficiario donde el otro pedía una finalidad). Pero la tubería que los procesó fue idéntica: detectar el molde, reificar, anclar, enchufar. Esa es la prueba de que el motor no necesita reescribirse para cada negocio. Lo que cambia entre la clínica, el banco y el restaurante son las firmas, no la maquinaria que las aplica.
Las preguntas-WH son ranuras vacías
El cierre elegante de todo esto aparece cuando, en vez de afirmar un hecho, preguntamos. Las palabras interrogativas que abren este libro (quién, qué, dónde, cuándo) no son magia. Son, simplemente, una ranura de la firma a la que le hemos borrado el valor y dejado una incógnita. Preguntar es invocar el verbo con un hueco.
Tomemos el evento filmacion_042 ya guardado. Cada pregunta humana se traduce a
un patrón donde un rol queda abierto, y el eje de ese rol le dice al sistema dónde buscar la
respuesta:
¿Quién filmó la escena? { tipo: accion_filmar, tema: escena_42, agente: ? } → busca en Q
¿Qué filmó Serra? { tipo: accion_filmar, agente: serra, tema: ? } → busca en O
¿Cuándo la filmó? { tipo: accion_filmar, tema: escena_42, momento: ? } → busca en T
¿Para qué la filmó? { tipo: accion_filmar, tema: escena_42, con_finalidad: ? } → busca en O
Guardar un hecho y preguntar por él son la misma operación vista por sus dos caras: en una se completan las ranuras de la firma; en la otra, se deja una vacía y se busca con qué llenarla.La simetría entre afirmar y preguntar
Esa simetría no es casual: es la consecuencia directa de tratar el verbo como un contrato de
tipos. La pregunta «¿quién?» es legible para la máquina precisamente porque el rol
agente declara que su valor vive en Q; el
sistema sabe en qué caja rebuscar sin que nadie se lo explique. Las preguntas con las que un
niño desarma el mundo y las consultas con las que un programa interroga una base de datos
resultan ser, una vez más, la misma cosa.
El efecto matrioshka: oraciones sobre oraciones
Queda un nivel de dificultad que derriba a la mayoría de los modelos de datos: ¿qué hacemos cuando una oración habla sobre otra oración? Es el caso del rumor, la cita, la creencia, el reporte. Un ejemplo del cine, en plena rueda de prensa:
La guionista afirmó que el estudio había recortado el final.
El verbo principal es afirmar, y la «cosa afirmada» no es un objeto que se pueda tocar: es otra situación completa (un recorte hecho por el estudio). Para nuestro modelo esto no representa ninguna dificultad nueva, porque todas las situaciones son individuos del mismo eje O. El tema de afirmar apunta, sin más, a otro evento:
(afirmacion_201, instancia_de, accion_afirmar) ∈ M(O, K)
(afirmacion_201, agente, haddad) ∈ M(O, Q)
(afirmacion_201, tema, recorte_final_001) ∈ M(O, O) // ¡el tema es otro evento!
(recorte_final_001, instancia_de, accion_recortar) ∈ M(O, K)
(recorte_final_001, agente, estudio_norte) ∈ M(O, Q)
(recorte_final_001, tema, final_pelicula) ∈ M(O, O)
(recorte_final_001, estatus_factual, reportado) ∈ M(O, K) // ← clave
El último cable es oro puro. estatus_factual: reportado le dice a la base de
datos que el sistema no tiene evidencia de que el estudio recortara el final;
guarda el hecho de que alguien lo afirmó, sin comprometerse con su verdad. Gracias a
esa marca, podemos representar oraciones cada vez más profundas («la productora negó que la
guionista afirmara que el estudio recortó el final») apilando situaciones como muñecas
rusas, sin programar una sola regla nueva. La recursión sale gratis, porque el eje
O no distingue entre un evento simple y un evento que contiene
otros.
Idea clave
Como todo verbo se reifica en un individuo de
O, y el rol tema puede apuntar a cualquier
individuo de O, las situaciones se contienen unas a otras
sin límite. La composición del lenguaje (oraciones dentro de oraciones) se hereda sin coste:
es la misma estructura recursiva, ahora en los datos.
El verbo es el contrato maestro
Cerremos fijando la idea en piedra. Cuando guardamos un verbo en nuestra arquitectura no estamos archivando una palabra de diccionario: estamos depositando un contrato de tipos. El verbo declara qué participantes son obligatorios, cuáles opcionales y de qué caja (Q, O, L, T…) debe venir cada dato. Si entra basura, la frena en la puerta; si entran datos limpios, ejecuta su ensamblaje en cinco pasos y los archiva sin pérdida.
Y aquí asoma la conexión más profunda del libro. Sesenta años de filosofía del lenguaje (Davidson, Parsons) descubrieron que el cerebro reifica eventos. Décadas de lingüística computacional (FrameNet, VerbNet) catalogaron que cada verbo trae sus papeles tipados. Nosotros, desde la ingeniería de datos, llegamos a la única forma de base de datos universal que no colapsa: reificar, tipar, apilar. Que tres caminos independientes desemboquen en la misma estructura no es coincidencia. Es la señal de que la forma de la lengua y la forma de los datos, cuando ambas se diseñan bien, son la misma forma.
Pero para que esta aduana funcione hace falta un documento donde estén escritos, uno por uno, los contratos de todos los verbos: sus firmas, sus roles, sus tipos, y —crucial— las mil formas en que un humano puede nombrar el mismo verbo. Ese documento maestro no es un apéndice gramatical aburrido: es el motor traductor que permite a una inteligencia artificial hablar con los discos duros de una empresa usando lenguaje natural. Se llama el lexicon, y es el tema del próximo capítulo.
De la firma del verbo, al compilador que la aplica.